El hammam no es una sauna. Es un ritual en tres tiempos y cada uno cuenta. Primero el vapor, unos quince minutos, hasta que la piel se abre. Después el jabón beldi, una pasta de aceitunas negras que se deja reposar. Y por último la exfoliación con el guante kessa, que desprende las células muertas a la vista.
En Beniss la sala de vapor se limpia entre cada pase y el agua se renueva continuamente. El jabón beldi y el aceite de argán proceden de cooperativas marroquíes, sin aditivos.
Cuente con una hora. Se sale con la piel lisa y algo aturdido, y hay que beber mucha agua. Es normal, y es señal de que el ritual ha hecho su trabajo.